- Pieza de coleccionista. Una empleada de Sony muestra un walkman TPS L2. Foto: AFP / YPSHIKAZU TSUNO
MARCELO BERNÁRDEZ
BARCELONA
El adjetivo es «normal»; normal el aparato que va amarrado al cinturón, o guardado en un bolsillo de la camisa, o en un bolso, y normales los cables que trepan por el pecho o que dan la vuelta por debajo de la axila y van a morir en el cráter de la oreja; son normales las contorsiones bruscas de alguien que va caminando por la calle, y es normal que en el metro la música que trepa por los cables hasta los oídos de los jovencitos la tenga que escuchar todo el mundo. Es normal, en fin, que la gente vaya por la calle sin escuchar los pitos, los ronroneos de los tubos de escape, los gritos de los transeúntes, porque al fin y al cabo es mejor, piensan, ir escuchando música; pero hace 30 años no tenía nada de normal. Era nuevo, era revolucionario y era caro.BARCELONA
Como ocurre con algunos de los mejores inventos, la historia del walkman está plagada de falsas versiones. Una de ellas concede todo el mérito al japonés Akio Morita, fundador de Sony: iba una tarde por la calle, vio en una esquina a un joven, reparó en el casete que llevaba al hombro y se inspiró. Otros dicen que fue su socio, Masura Ibuka, no solo el padre del ingenio, sino el fabricante del primer modelo artesanal, y cuentan que un día, mientras corría, simplemente se le ocurrió que quería oír música; la idea le pareció tan buena que inmediatamente volvió a casa, desmontó un magnetófono e improvisó unos cascos. Una tercera versión sostiene que fue cosa de los dos, Morita e Ibuka (un momento de inspiración, una tormenta de ideas), aunque la verdad es que el inventor es brasileño. Se llama Andreas Pavel.
El ingrediente que no puede faltar en ningún mito: el genio incomprendido. Pavel, de origen alemán, alumbró a principios de los años 70 el concepto «llevar la música a todas partes» y creó lo que llamó el cinturón estéreo, en realidad el primer walkman de la historia. Era 1972, y durante los cinco años siguientes tocó las puertas de todas las empresas que podían, o eso pensó, estar interesadas. Grundig, Philips, Yamaha: nadie creyó en él. Pavel registró la patente, por si acaso, y dos años más tarde, cuando ya lo daba todo por perdido, cuando había digerido plenamente su fracaso, asistió asombrado al lanzamiento del modelo TPS-L2, marca Sony, no ya el primer walkman de la historia pero sí el primero fabricado a escala industrial. Llegaron los pleitos, los tribunales, las demandas por los derechos; todo resuelto hace tres años en favor del brasileño.
Nuevos hábitos
El artefacto causó furor, aunque al principio era costoso y accesible a unos pocos. No solo dio pie a un nuevo hábito sino que creó una nueva imagen, una a la que entonces, a principios de los 80, nadie estaba acostumbrado: urbanitas al parecer de este mundo pero con un extraño alienígena halo de acero alrededor de la cabeza. Los pioneros tuvieron que aguantar las burlas, y muchos de ellos sentaron las primeras alarmas cuando empezaron a padecer problemas de oído. La tentación juvenil de poner la música a todo volumen era demasiado grande –iba ligada, parece, al concepto de llevarla a todas partes (una especie de declaración de principios)–, y la evidencia de que el walkman también había creado un ejército de sordos llenó páginas y páginas en las revistas especializadas. Cuando prácticamente todo el que quería tenía el suyo.
El venerable patriarca
El TPS-L2 –azul y dorado, inconfundible, hoy una codiciada pieza de coleccionista– salió a la venta el 1 de julio de 1979; empezó mal, por lo raro y por lo caro, pero 10 años más tarde se habían vendido 380 millones de ejemplares (de ese y de los modelos subsiguientes). El éxito fue tal que todas las marcas se subieron rápidamente a la ola (lamentando mucho, algunas, haber rechazado a Pavel), y entre todas avanzaron hacia la miniaturización de componentes, la clave para satisfacer al cliente.
En realidad, lo que en el fondo había empezado, ya consolidada esa nueva manera de escuchar música, era la carrera tecnológica que habría de desembocar en los dispositivos actuales, Ipod, Mp3 y demás; pues en el árbol genealógico de la dinastía, el walkman es el abuelo, el venerable patriarca. Y se merece un respeto.
Tomado de:
http://www.elperiodico.com









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